La mujer boricua y las creencias religiosas pre-hispánicas

Ya en pleno siglo XXI, más de cinco siglos después de la invasión española todavía resuenan en las aulas de clase puertorriqueñas muchos datos sobre los indígenas arahuacos habitantes del Borikén de finales del siglo XV.  Desgraciadamente muchas de estas enseñanzas son erróneas, retratan al indígena como lo vieron los ojos europeos.

Todavía en Puerto Rico se dice que somos una mezcla de tres razas, pero en la práctica sólo se acepta que o somos blancos o somos negros.  Se hecha a un lado los estudios que prueban científicamente que mucho más de la mitad de los puertorriqueños poseen ADN mitocondrial amerindio.   Todavía se habla del exterminio que sufrió el pueblo “taíno” y se obvia el amplio mestizaje en el que participó esa raza.

Sin embargo, no es lo racial el tema de este artículo.  Lo anterior es una muestra de cómo nuestro pueblo taíno ha sufrido el peor de los racismos, la negación al derecho de existir, la negación al derecho de decir, soy “indio” como cualquier otro boricua orgullosamente puede decir soy negro o blanco, mulato, zambo o mestizo.  El tema que me ocupa es el papel de las mujeres taínas en las costumbres de su pueblo.

La sociedad taína para la época de la invasión española era una cultura matriarcal y agrícola.  La mujer como en muchas otras sociedades antiguas tuvo un papel central en todo lo religioso por su capacidad de traer vida, su fertilidad, sus ritmos vitales que la acercaban y la acercan a la Tierra y a la Luna.

Como en otras partes del mundo, en Puerto Rico se han hallado pequeñas estatuas femeninas con protuberantes órganos sexuales, lo que asocia a la mujer con la fertilidad y la agricultura de que dependía su pueblo.

Las costumbres religiosas taínas presentan al sexo femenino en múltiples mitos y se hace presente en diosas de importancia fundamental.  Un ejemplo es el de la diosa Atabeira.  Lo primero que viene a la mente de muchos es que Atabeira o Atabey es la madre de la principal divinidad taína Yocahú.  Sin embargo, en el nombre, o mejor dicho los nombres de Atabeira existe algo más.

Esta Diosa-Madre era conocida por cinco diferentes nombres:  Atabey, Apito, Zuimaco, Yermao y Guacar.  ¿Qué con eso?  En los pueblos arahuacos la cantidad de nombres adquiridos denota diferenciación en el estatus social.  Mientras Atabey posee cinco nombres, su hijo Yocajú Vahva Maorocotí posee tres.

Otro caso muy interesante y que desconocen la inmensa mayoría de los puertorriqueños es el del llamado “dios del mal”  (desde la visión europea) llamado Juracán.  Los relatos de los cronistas dejan consignado que los taínos llamaban a las tormentas tropicales y ese tipo de fenómenos del clima juracán. Sin embargo, la deidad que provocaba estos terribles eventos atmosféricos era otra deidad femenina, Guabancex.

Guabancex iba acompañada de dos cemíes masculinos que le servían.  Uno era Guatauba y el otro Coatrisquie.  Según Pedro Martyr, “y los otros dos cemíes que están en su compañía se llaman el uno Guatauba y es pregonero o heraldo que por mandato de Guabancex ordena que todos los cemíes de aquella provincia ayuden a hacer viento y lluvia.  El otro se llama Coatrisquie el cual dicen quie recoge las aguas en los valles entre las montañas y después las deja correr para que destruyan el país.”

Existen otros ejemplos que muestran la importante presencia femenina en las creencias religiosas prehispánicas de Puerto Rico y del Caribe.

En lo social la mujer taína era dueña de su cuerpo, derechos que perdió la mujer en nuestra sociedad tras la llegada del cristianismo y su subordinación femenina ante el hombre.  La mujer dejó de ser dueña de su cuerpo y divina para convertirse en un retrato de la María penosa, triste, mansa y llorosa del “civilizado” mundo europeo.