Las contradicciones de algunos portavoces evangélicos

Acaba de salir en los medios de prensa nacionales una noticia que retrata no sólo la visión retrógrada de los fundamentalistas cristianos sino una de entre la muchísimas contradicciones que existen entre sus opiniones y acciones y las de su libro ¨sagrado¨, la Biblia judeo-cristiana.

El protagonista ahora es el ¨reverendo¨ evangélico Eugene Rodríguez, conocido por ser hijo del evangelista apocalíptico Geñito Rodríguez López, recordado por sus condenas de ¨arrepiéntete que el diablo te va a llevar¨ y ¨Juan Pablo II, maldición para el mundo¨. Eugene reclama la pena de muerte para los asesinos de un pastor y una turista estadounidense en Puerto Rico.

¿Acaso este señor se olvida de lo que su Biblia dice? ¿Se olvidó del mensaje de su hombre convertido en dios, Jesús? O, ¿defiende la pena de muerte sólo porque sus verdaderos dioses (los amos estadounidenses del norte) creen en ella y la mayoría del pueblo puertorriqueño no? Tal vez merezca el beneficio de la duda, tal vez se confundió ante una Biblia que manda a asesinar a quienes no adoran tu mismo dios o a apedrear mujeres en arrebatos machistas, pero que por otro lado dice: No matarás, Dios es amor, ama a tu prójimo como a ti mismo, no juzgarás y perdona.

Cada día que pasa la separación entre iglesia y Estado es más pisoteada en Puerto Rico. Son vergonzosos los intentos de las diversas denominaciones cristianas del país de inmiscuirse en la educación pública de nuestros niños (la que todos pagamos), y sus entradas y salidas de las cámaras legislativas para presionar a senadores y representantes e imponer sus puntos de vista aunque vayan en contra de los derechos individuales de cada ser humano.

Estos mismos fanáticos que en el pasado desataron sangrientas persecuciones contra las personas que no compartían sus creencias religiosas son los mismos que si hoy se les diera la oportunidad harían retroceder nuestra sociedad en varios siglos. El fanatismo religioso es peligroso venga de donde venga, sea del cristianismo, del Islam, de las diversas corrientes paganas o del judaísmo. Sin embargo, por desgracia son las grandes religiones monoteístas las especializadas en condenar y amenazar a quienes tienen otras formas de vivir su espiritualidad.

 Si examinamos con las fuentes disponibles el mensaje que llevó Jesús en Palestina podemos ver lo avanzado que fue este caballero para su época. Se unió a los desamparados y condenó el negocio en que los judíos habían convertido la religión y el Templo, por sólo dar unos ejemplos. Al igual que él, otras personas trajeron a la humanidad mensajes que provocaron cambios positivos en sus respectivas épocas. Se impone denunciar a estos fanáticos que sólo buscan vivir cómodamente de las ofrendas y los diezmos de gente atemorizada con un infierno y un diablo con dos cuernos. Del temor, el odio y el engaño es que se nutren.

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